domingo, 23 de abril de 2017

la lágrima

al final la derramé
mi alma se tornó azul
mi rostro se mojó de diamantes
fue una liberación realmente triste
de pronto todo mi yo era agua
mi interior un manantial
abrumado por un inquietante sosiego
que oprimía las estalagtitas
amenazado por un terremoto
sin el suficiente brío para colapsarlo
en una hecatombe que desplomase las grutas de mis entrañas
e hiciera añicos mi corazón de cristal cobalto en el derrumbe

jueves, 13 de abril de 2017

profecía cumplida

premonición del 23 de abril de 2017
no derramé ni una lágrima por ti
porque cuando te marchaste
la herida ya había cicatrizado
premonición del 13 de abril de 2017
te vi reír al beso de después
mientras te desvanecías
una sonrisa detrás de la neblina
no negaré que te voy a echar de menos
gracias por todos estos momentos,
guardaré buenos recuerdos
de ti,
compañero,
siempre desde lejos

*Actualizado el 23 de abril de 2017

domingo, 26 de marzo de 2017

o

me estás cansando hasta de mí,
de mi egoísmo
pero yo solo no puedo enturbiar el mar
cada vez que deshago el nudo
porque no soy la luna

lunes, 9 de enero de 2017

el lobo

tú lo que quieres es tomar mi carne
has venido a matarme
a jugar con mis vísceras
en este bosque
haces mi existencia mísera
pero lo único que tengo para ti son decepciones
qué hay de mis emociones
mis entrañas son de agua
y tu mirada ígnea y ardua
me abrazas
mi sensibilidad
sólo tengo ganas de llorar
pero a ti no te importa
sé que no me secarás las lágrimas
rota
el crujido de su ánima
oyes cómo tu presa
se lamenta
te desvisto, te despojo de tu disfraz de cordero
oh, bestia salvaje, tu belleza es descomunal
sé sincero
te aprovechas de mi inseguridad
sorbes el sudor de mi frente
y yo te beso
tu ciclópeo cuello
no quiero tu sexualidad
conmigo en la hojarasca
sé que me abandonarás
pero hinca el diente en mi alma
híncame el diente hasta que me sangren las pieles
devórame
te esperaré
        ***
lame mi luz argéntea
hasta convertirme en luna nueva
un destello que me desgarra en el pecado
        ***
te marchaste
me has abandonado
me dejaste
me destrozaste

el corazón

lunes, 19 de septiembre de 2016

el beso.ansiedad

unos labios que nunca besaré
porque el monstruo me come
me devora por dentro, mis entrañas
se alimenta de mis miedos
hace brotar de las cavernas de mis huesos mis temores más profundos
a flor de piel
me hace vulnerable
sus tentáculos los chupa y se nutre de ellos
su textura de babosa se desliza por mi boca y se baña en mi saliva,
mezclándola con la suya en un forcejeo de nuestros pliegues, brusco
depositando sus huevos en mis encías
infecta mis huecos
me roza la garganta
me entran arcadas
un escalofrío nauseabundo recorre todo mi cuerpo
siento un dolor agudo en el abdomen
que me hace volar
mis piernas me fallan
me mareo
deseo vomitarla
pero ya es tarde,
ha tomado mi alma

No quiero que nadie me roce,
sólo de momento























jueves, 23 de junio de 2016

Houdini

         Deslizo mi mano por su cuerpo. Acaricio con triste elegancia su lánguida piel con las yemas de mis dedos. Siento las protuberancias de sus huesos bajo su desgarrada dermis. Apoyo mi barbilla sobre su cuello inerte y miro hacia el horizonte abisal. Mis cristales brillan al mismo tiempo que mi pupila proyecta mi plenitud. Asisto en mi retina a una obra maestra, una compilación de recuerdos y genuinas hipótesis que nunca se harán realidad. El metraje de la película cinematográfica es interminable. Hallo una leve evasión en su perpetuidad, que se prolonga hacia más allá del lóbrego vacío. Nos hundimos apaciblemente, rodeados por una plúmbea inmensidad. El tul se escapa de entre mis dedos, nos roza suavemente con la sutil decadencia que le es propia. Mis cabellos, arrullados por la mar, se deshilvanan en millones de castañas algas y la belleza de sus ondulaciones flota indolente contorneada por el tedio y el tormento que se impregnan derredor. Agonizantes, luchan por sobrevivir. Burbujas de oxígeno parten de mis fosas nasales con destino al piélago, danzando en caprichosas y dúctiles posturas mientras centellean como joyas diamantinas al envolver frágiles el amable rayo del cobalto. Mi corazón está decrépito por su rostro, lo más pálido que ha estado nunca. Observo su semblante tras el vidrio, mortecino, enfermo. Su boca permanece abierta, esperando por toda la eternidad a que le entregue el objeto de su salvación.

         Lo abrazo, lo estrujo contra mis pechos. Clavo mis uñas en su carne putrefacta hasta que el hedor me anega las entrañas. Le dejo marcas en su seca tez que no sentirá jamás. Aparto de su sien las reminiscencias de su marchita melena. De pronto las lágrimas brotan de mis transparencias, surgen incólumes pero la polución las macula al instante y se desvanecen, derramadas en vano, inútiles y perdidas en la grandiosidad de esta argentina desolación. La gasa cubre sus ventanas, su expresión de terror es enterrada por un turbio velo que lo separa de mí. La suciedad infecta su córnea, y no vislumbro su hermoso iris. Oh, su diáfano color desfallece y exánime, no es capaz de teñir mis exhaustos entresijos, anhelantes por saciar su sed sorbiendo del somnoliento jugo. Sus anémicos pigmentos pronto serán vejados por la erosión que los hostigará hasta tornarlos, abrasados, en unas cuencas vacías denigradas a la más anodina de las existencias, condenadas a descifrar a través de un prisma desapasionado el gélido orbe. Lo zarandeo con vehemencia. ¿Por qué no despiertas? Él es mi sueño, y está muerto.

         No llegué a tiempo. ¿Dónde está? Perdí la llave, y no se la pude entregar. No recuerdo si me la tragué. Fracasé. No consiguió fugarse de las ensortijadas cadenas que lo oprimían, y todo fue por mi pecado. Y ahora su silueta se encuentra presa de un conjuro, sellada para siempre bajo un candando inquebrantable. Muerdo su hombro en descomposición y la mugre llena mis dientes y conquista mis encías. Con solo un encuentro de nuestras lenguas, nuestro amor no habría perecidoDe haber poseído la clave metálica entre mis labios, codiciada por su insatisfecha voluntad, hubiera aliviado su calvario. Hubiera escupido la áurea reliquia por mi cascada de espuma para bañarla en su saliva y abrirle las puertas a su emancipación del óxido. Mis vísceras exudan la amargura y la ira que mancillan mis vestiduras, dejaré que la más dolorosa de las rendiciones cubra los tejidos y enfangue el lino. Sostengo su raquítico y grisáceo cadáver, y no lo suelto. No lo haré jamás. No te separes de mí. Nunca. No me abandones, estate aquí a mi lado. Un alarido bronco rompe en mi laringe. No puedo gritar su nombre. Hou-di-ni, murmullo jadeante. Mi respiración entrecortada se ve sorprendida por repentinos estremecimientos que sacuden mis lozanos músculos. Pero él permanece inmóvil. ¿Por qué no tiemblas como yo, cariño?

         Bésame, como yo tantas veces te he besado a ti. Sus labios permanecen quietos, callados. Una visión demasiado escueta en la intimidad de este adusto paraje, que me arrebata los jaspeados retratos de mi memoria. Su ósculo se enmohece y su firma se degrada. La evidencia simplemente se esfumó y deseo ferviente que volvamos a encarnar la vívida imagen de lo que fuimos durante la pretérita estación. Por favor, arrópame en el plomo. Bebo del agua negra de su pozo. Mas sólo recibo el polvo de sus profundidades, que se me agolpa en la garganta y se adhiere a mi paladar granulando el sabor, tornándose áspero. Te quiero, estallo, ¿pero me amas tú a mí? Creo en ti, ¿acaso has olvidado toda la gloria que te profesé? ¿me estimas tanto como yo a ti? ¿Te he decepcionado?, bombardeo en mi desatado paroxismo. Háblame, te lo suplico. Mírame a los ojos y susúrrame al oído el código que sólo tú y yo conocemos. Y todo terminará. Somos una promesa rota, un porvenir despedazado.

         No supe reaccionar en su debido momento. Debí correr hacia a ti, oh, mi Houdini, pero el pánico me paralizó, mis pies parecían estar atrapados en una ciénaga. No podía moverme. Cuando me recuperé de la conmoción, ya era tarde. Golpeé el tanque una y otra vez con todas mis fuerzas mientras chillaba tu nombre, pero no conseguí romper la maldición. Me mirabas fijamente horrorizado pidiéndome auxilio. Fui testigo de tu último aliento, de cómo las oceánides arrancaron tu alma y se la llevaron lejos de mí, dejando que el agua inundara tus pulmones. Vi cómo tus facciones se deformaban y tu figura se hinchaba. De forma súbita colisioné con la realidad, y mi vida se quebró en mil pedazos. No merecía la pena seguir con ello, no tenía sentido. Me senté sobre la mesa y esperé, no sé muy bien a qué, a un milagro, supongo. Me sentía vulnerable, perdida porque todo en lo que creía se había desmoronado. Ya no existía nada.


         Me dejé llevar por las apacibles olas del mar onírico. Buceé. Soñé que me sumergía contigo, que te volvías a ceñir a mí. Nos he condenado a ahogarnos en este nublado y yermo océano. Las caracolas serán nuestra almohada y las corrientes nuestras brisas. Te cantaré al oído mil arias del perdón que no escucharás. Esta caja de caudales será tu tumba, pero yo permaneceré junto a ti, para siempre. Nos posamos en el fondo con delicadeza. Apoyamos nuestras cabezas lentamente, con tranquilidad. La desesperación se diluye en el sosiego de lo indefinido. Durmamos, dejemos que las motas de la fina arena sean nuestras sábanas. No encontré la llave y te perdí a ti.


Megalodónica foto de Marta Hoyos. 
En su perfil de Instagram podéis encontrar muchas más igual de bonitas e inspiradoras  
que la que ilustra este relato.
Merece la pena pararse a admirar su maravillosa obra.


jueves, 21 de abril de 2016

c a r d i o p a t í a

El cielo de plomo llora por mí, y es que cuando te rompen el corazón sin saberlo no habrá nadie que recoja los pedazos tras el infarto.
Y lo único que te queda tras la contusión es el dolor que continúa retumbando por las grutas de tu cráneo.
Y lo único que te queda tras el desamor, es la angustia ante el vacío absoluto, la incertidumbre de que tu músculo no vuelva a latir.
Son tus lágrimas de sangre que emanan de la herida, todavía con el sabor fresco a hierro oxidado tras la puñalada, empapando el papel con la tragedia, coagulando la tristeza.
Son las palabras arrancadas, trozos de pasión que se desprenden de tu piel después del paroxismo que sacudió tus entrañas de las que caen estos versos.
Son los besos que nunca os disteis. Las caricias inacabadas, que no os llegasteis a rozar. Un choque frontal entre vuestras pieles que no colisionaron en el punto de encuentro. Un accidente de tráfico que no acabó en siniestro. Una ilusión imperfecta de la que nunca estarás a salvo, y te acechará recóndita en los entresijos de tu memoria.
Lo único que te queda es tatuarte los supuestos en la carne quemada sobre el asfalto.
Pero continúas desnudándome el pensamiento. Quiero decirte que pares, por favor, que me haces daño, pero me has envenenado con tu alucinación, y estoy a tu merced. Te prefiero como el anhelo. Eres mi amor de ensueño del que no quiero despertar. Ya no deseo leer tras este final abierto, tengo miedo de lo que hay más allá del abismo, de quererte. No sé.
De entregarme y no ser correspondido, de amarte y ser vapuleado.
Te has adueñado de mí. Me has invadido. Has tomado el control. Y no lo puedo soportar, porque no me llegas a coronar con las espinas que como buen mártir extirpé con mis propias manos del rosal de tu cuerpo. Ansío que astillen más en mi cabeza, que se claven y me desgarren la dermis. Pero no terminas de asestarme el golpe de gracia con tu espada vorpal, aún no te apetece rematarme, destruir mi vida, destrozarme, te muestras inmisericorde, estás disfrutando con mi último aliento. Eres mi infierno empíreo, me abrasas con tu divinidad. Oh, te has convertido en dragón, carboniza a este expirante y liquida su agonía, con tu delirio o tu indiferencia, pero hazlo ya, que quiero ser cadáver. No aguanto tu presencia, tu voz, tus ojos, tu pelo me recuerdan que lo nuestro no tendrá conclusión. Y la única salida, es que tu silueta se disipe en el tiempo: el olvido.
Me sumergiré en el mar sereno de la noche cuando ésta caiga, me bañaré en el reflejo de luna lunera para afrontar con entereza el desamparo. O lo intentaré, porque seguirás estando.
Un enunciado que será pronunciado en silencio. Un grito en voz baja. Una oración que jamás será confesada.
Lo único que te queda, enlongándose en ríos en miniatura que descienden hacia el borde de su muerte, son las gotas de lluvia resbalando por la ventana del autobús.

Dedicado a todas aquellas personas que han sido la causa de los períodos grises de mi vida, y que hicieron regresar a mi mente las hadas para escribirle los textos que no se merecían.


sábado, 14 de noviembre de 2015

treize

un disparo a bocajarro
miles de pensamientos libres estallan en pedazos
se rompen
imágenes de vidas fragmentadas
hasta que su piel se agrieta
y su pecho sangra
el vaho de un último suspiro
momentos de recuerdos interrumpidos
que revientan en el tiempo
la muerte les arranca la ignorancia
del único sentimiento compartido
aquello que creían desconocer
hasta su punto final.
.su corazón se para.
ilusiones que han volado por los aires
sus miradas vacías se han convertido en río
y el horror se refleja en los trozos de cristal sobre el asfalto
no habrá más gritos tras la efímera caricia
con el frío
acabaron
yacen quietos
sordos, sus cuerpos
no responden
no quieren escuchar
el silencio
sus ojos ya están secos
sin lágrimas que derramar
las nuestras no se evaporarán
sus huesos se dilatan
por el alquitrán
la angustia ha solidificado en sus esquinas
escenarios de sueños coagulados
bajo la tapa de los sesos
han matado ni por un dios ni por nada.

Dedicado a las víctimas de los atentados vividos en París este 13 de noviembre.



lunes, 2 de noviembre de 2015

Salino

Los pecados que he cometido
habitan en las grutas de mi pecho
y cuando despiertan,
brotan de mi garganta de los infiernos.
El oxígeno no me baña hasta las yemas de mis dedos
e interferencias agitan mis pensamientos.
La savia no fluye por las tráqueas del árbol de la ciencia.
y el frío cristaliza en su leño.
El hierro de mi sangre no se oxida.
Los gritos enterrados bajo sus raíces
ascienden por sus tortuosas ramificaciones
para henchir sus brazos
y el plasma etéreo criogeniza entre las bifurcaciones.
Me cuesta respirar.
El crimen que emana de mis profundidades
colapsa mis pulmones
y el firmamento pleural se ve sacudido por el vívido sueño.
El delirio se escapa junto a mi aliento.
La ventisca aúlla demente en la cumbre
y lo está destrozando todo.
Me hiere por dentro.
En el glaciar me estoy helando por mis recuerdos.
Los cadáveres de todas aquellas ilusiones que dejé morir
duermen sobre mi azulada piel.
La nieve me besa en mis labios entumecidos
y un manto de escarcha cubre sus pliegues.
Mi boca se congela en el gesto.
Me desgarro en el paroxismo más gutural
hasta que la sal se disuelve
y desciende por mi carne.




viernes, 24 de julio de 2015

Viaje en góndola de Venecia a Florencia

Es un amor que no se puede consumar.
Las ilusiones se van diluyendo en oro bruñido.
El clave proyecta una melodía en tonalidad menor.
Es la decadencia.
Somos venecianos intentando fluir
por los canales de desagüe para huir
de nuestras decepciones, nuestras frustraciones.
El eco dorado colisiona con la suciedad de las cloacas
y se remoja en el agua negra.
La esperanza se encharca en la ciénaga.
Huele a desesperación y putrefacción,
el hedor que desprende produce náuseas
e impide florecer de entre la angustia a los nenúfares.
No hay resurgimiento.
Sobre el deteriorado sepulcro que devoran los demonios
el óleo dibuja la desesperación en el rostro de Simonetta.
La alargada sombra del basilisco profana su tumba.
Surca con dolorosa resignación su liviana tez,
las reminiscencias del prieto mármol que una vez fue.
Su quebradizo cuello es un funeral de terciopelo.
Por sus pálidos labios no emanará la frágil voz
que nacía en las profundidades de su garganta de cisne.
La vehemencia de sus mares turbulentos
desata en su paroxismo 
el brío con el que quiere regresar a la vida
pero su destino se encuentra más allá,
en la deidad después de la muerte.
En el olvido del placer terrenal.
El eterno espejismo durante el velatorio.
El dulce recuerdo en el entierro.
Sus soleados rizos hace tiempo que se nublaron.
Sus pechos desnudos permitieron al frío asesinar la pasión.
Dejó que la noche invadiese los entresijos de su alma
y que oscureciese de un infarto 
los versículos por los que latía su corazón.
La mugre cubre ahora su cadáver en descomposición.
El tormento se alimenta de su carne.
Y el terror nos invade bajo la sombra de los puentes
porque tememos el castigo que nos impondrá el divino.
Desfallecemos magullados por la persecución.
Nos encontramos extenuados para seguir remando.
De qué sirve escapar. No tiene sentido.
Hemos doblado miles de arrepentimientos y fracasos.
Y en cada esquina hallamos el fatídico sino.

A Isis, que no está mudo el teclado de su clave sonoro.



En la vida de todo escritor llega el momento de versar sobre la gran musa del Renacimiento, la Venus de Botticelli, Simonetta Vespucci. La historia de un eterno viaje y tres náufragos. El final inalcanzable de un camino que se dilata en el tiempo en exceso. El poema nos traslada a Venecia y Florencia, pues bien, esta composición está más relacionada con la ciudad de Granada.